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Industria inmobiliaria necesita tener una evolución, no dividirse

ABC Noticicas

May 26, 2026

Durante los últimos años, Monterrey vivió uno de los procesos urbanos más complejos y contradictorios de su historia reciente. Mientras la ciudad continuaba creciendo, atrayendo inversión, consolidándose como uno de los motores económicos más importantes de México y elevando de manera acelerada la demanda de vivienda, el sector inmobiliario comenzó a enfrentar una tormenta perfecta que terminó impactando directamente a miles de familias, inversionistas y proyectos.

Primero llegó la pandemia y con ella la desaceleración económica, el cierre temporal de obras, la incertidumbre financiera y el freno en múltiples cadenas de suministro. Después vino la inflación global que elevó de manera histórica los costos de construcción, afectando acero, concreto, mano de obra, transporte y prácticamente toda la estructura financiera de los desarrollos inmobiliarios. Posteriormente, el alza en las tasas de interés encareció el acceso al financiamiento a empresas y compradores, mientras que la crisis hídrica obligó a replantear infraestructura, densidades y nuevas condiciones urbanas.

Pero quizás uno de los golpes más de licados para el ecosistema urbano fue la incertidumbre regulatoria y la parálisis administrativa que durante años afectó permisos, licencias, autorizaciones y procesos fundamentales para el desarrollo de vivienda formal en la ciudad.

El resultado fue evidente: proyectos detenidos, inversiones frenadas, miles de viviendas que dejaron de construirse y una creciente pérdida de confianza entre ciudadanos, compradores, inversionistas, desarrolladores y autoridades.

Si bien la industria necesita regulación, transparencia, supervisión, mejores prácticas y fortalecer los mecanismos de protección para compradores e inversionistas, es necesario entender que paralizar el desarollo urbano debilita a las ciudades.

Cuando una ciudad deja de producir vivienda formal, las consecuencias terminan afectando directamente a toda la sociedad. Los precios aumentan, la oferta disminuye, la informalidad crece y miles de familias terminan viviendo cada vez más lejos de donde trabajan, estudian o desarrollan su vida cotidiana.

Hoy la industria necesita evolucionar hacia un modelo mucho más sólido, más transparente y más institucional. Se necesitan nuevas regulaciones impulsadas desde el Congreso que permitan proteger a los compradores y a los ciudadanos, pero que otorguen continuidad jurídica y operativa a los proyectos viables.

Monterrey también necesita nuevos liderazgos capaces de unir al sector y no de dividirlo. Necesita nuevas figuras de representación que comprendan la magnitud de los retos urbanos actuales y que sean capaces de generar puentes entre desarrolladores, compradores, inversionistas, bancos, autoridades y sociedad civil.

La ciudad necesita una nueva etapa de colaboración. Una nueva generación de perfiles inmobiliarios que entiendan que el futuro del sector no puede construirse sólo desde la rentabilidad financiera, sino también desde la responsabilidad social, la institucionalidad y la reconstrucción de la confianza pública.

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